EL UNIVERSO ESTÁ ESCRITO EN LENGUAJE MATEMÁTICO
DIOS, FE Y SUBJETIVIDAD
Neurociencia, subjetividad, Anaxágoras, Galileo Galilei, Albert Einstein, fractales y salud mental
El universo habla en matemáticas; Dios, en fractales; y el hombre
los escucha en sus neuronas. Si Dios no juega a los dados, acaso
escribe el azar con una geometría secreta.
El significante neuronas de Dios permite pensar una zona de
cruce entre ciencia, filosofía, religión y subjetividad. No se trata
de reducir a Dios al cerebro, ni de disolver la fe en una pura ilusión
neuronal, sino de interrogar el lugar donde la experiencia de fe
acontece: el cuerpo, la memoria, el lenguaje, la emoción, la angustia
y el sistema nervioso central.
Desde Anaxágoras, la filosofía pensó que el mundo no
podía explicarse solamente por la mezcla de elementos materiales. Era
necesario un principio ordenador: el Nous,
la inteligencia que organiza lo disperso. En clave contemporánea,
ese gesto puede leerse como una primera aproximación: allí donde la
materia parece dispersión, algo introduce forma, dirección y sentido.
MATEMÁTICA, AZAR Y GEOMETRÍA SECRETA
Galileo Galilei, en Il Saggiatore
—Roma, 1623—, sostuvo que la naturaleza está escrita en lenguaje
matemático, con caracteres geométricos.
Albert Einstein, en carta a Max Born —diciembre
de 1926—, afirmó: “Estoy convencido de que Él no juega a los dados”.
Entre ambos puede abrirse una lectura: allí donde el azar parece
dispersión, la forma insiste.
La geometría fractal, como la neurona, ofrece un modelo
de aproximación que permite pensar esa mediación entre orden y misterio.
Este lenguaje muestra una forma que se repite, se bifurca, retorna y
se reconoce en distintas escalas. El fractal no es sólo una figura
matemática: es una imagen del infinito posible, una gramática de la
repetición y de la diferencia.
FE Y SALUD MENTAL
La fe no está fuera del cuerpo: también habla en el sistema nervioso
central. Puede organizar el sufrimiento, ofrecer sentido frente a la
muerte, dar forma simbólica a la angustia y sostener una esperanza.
Pero también puede volverse mandato, culpa o sometimiento cuando
pierde su función de apertura y se transforma en exigencia absoluta.
En este punto, Las neuronas de Dios, de
Diego Golombek, abre una lectura contemporánea:
no pregunta primero si Dios existe, sino qué ocurre en el cerebro
cuando alguien cree, reza, medita, tiene una experiencia mística
o busca sentido ante la muerte. El cerebro no demuestra a Dios,
pero muestra cómo el sujeto puede sentirlo, representarlo,
invocarlo y alojarlo en una experiencia.
SÍNTESIS FRACTAL
Platón vio una geometría ideal detrás del mundo sensible; Anaxágoras,
una inteligencia ordenadora; Aristóteles, una causa primera y un
infinito potencial; San Agustín, una interioridad iluminada; Santo
Tomás, una razón que asciende desde el orden del mundo hacia Dios;
Kant, un límite de la razón que abre la esperanza moral; Einstein,
una confianza en que el azar esconde una ley más profunda.
Entre el cero y el infinito, el
alfa y el
omega, la neurona aparece como signo viviente:
una pequeña geometría ramificada donde el cuerpo, la matemática, la
fe y la salud mental se encuentran.
Referencia:
Golombek, Diego.
Las neuronas de Dios. Una neurociencia de la religión, la espiritualidad
y la luz al final del túnel. Buenos Aires: Siglo XXI Editores, 2014.
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