Cyberfractal |
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La filosofía no sirve para hacer lobby Para "la dictadura del proletariado" la filosofía es inútil. Y tiene razón: no sirve para hacer dinero, ni para ganar las elecciones, ni para fabricar obediencia. No produce nada rentable, salvo una molestia al sentido común: el "habitus" de valerse del pensar.
Su inutilidad escandaliza a la lógica del rendimiento y la producción porque desactiva la maquinaria que prefiere sujetos rápidos, distraídos y convencidos de todo lo que el Otro les dice. La filosofía, en cambio, se atreve a preguntar ¿por qué?, ¿cómo?, justo donde otros quieren respuestas automáticas e inmediatas. La filosofía no cura enfermedades, pero sí exorciza de las conductas de tragar creencias sin masticar. Con la filosofía nos apartamos del pan y circo. Es correcta la afirmación del campo productor: la filosofía es inútil. En efecto, es tan inútil como la libertad porque estorba la ilusoria inercia de lo material como la verdad o la palabra que incomoda, vale decir, como la conciencia cuando obliga a revisar lo que uno prefiere no ver (la historia personal). La inutilidad de la filosofía es su arma. Por eso —aunque a muchos les irrite admitirlo— sigue siendo indispensable para estar advertido por lo menos de las mentiras que inventan los referentes políticos y otros... Conclusiones
En sintesis, la filosofía no sirve para hacer política porque su valor de verdad radica en preservar la libertad del ser humano como sujeto que se sirve de su propio pensamiento y habla. En cambio, cuando la filosofía se subordina y trabaja con lo político, pierde su ser, pero gana en independencia, es decir, se convierte en un saber que impide la servidumbre frente al discurso del Otro.
Río de la Plata, noviembre/2025 Lic. Gustavo Ricardo Rodríguez Psicología UBA Filosofía USAL Investigador IIPC/USAL |