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Filosofía

La filosofía, amor al saber...

La interpretación (la mentira)
NADIE ES DE NADIE
Los hechos concretos


Jean de La Bruyère (1645–1696)
«El avaro gasta el día de su muerte más que en diez años de existencia.»
(cf. Les Caractères, 1688, París)
Séneca (4 a.C.–65 d.C.)
«No es pobre el que tiene poco, sino el que desea más.»
(cf. Epistulae Morales ad Lucilium, c. 65 d.C., Roma)
Karl Marx (1818–1883)
«La acumulación de riqueza en un polo es, al mismo tiempo, acumulación de miseria en el otro.»
(cf. El Capital, 1867, Hamburgo)
Adam Smith (1723–1790)
«No es de la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero de donde esperamos nuestra cena, sino de su propio interés.»
(cf. The Wealth of Nations, 1776, Londres)
Smith → el interés individual como motor económico
Max Weber (1864–1920)
«El afán de lucro, dentro de un sistema racional, se convierte en principio organizador de la vida.»
(cf. La ética protestante y el espíritu del capitalismo, 1905, Alemania)
Weber → la avaricia racionalizada como ética
Georg Simmel (1858–1918)
«El dinero transforma todas las cualidades en cantidades.»
(cf. Filosofía del dinero, 1900, Leipzig)
Thorstein Veblen (1857–1929)
«El consumo ostentoso se convierte en signo de estatus en la sociedad capitalista.»
(cf. The Theory of the Leisure Class, 1899, Nueva York)
Zygmunt Bauman (1925–2017)
«La sociedad de consumo transforma el deseo en necesidad permanente.»
(cf. Vida de consumo, 2007, Cambridge)
la avaricia deja de ser vicio
y se convierte en sistema
que produce sujetos insatisfechos

La avaricia.
Motor del capitalismo

¿Qué tipo de poder se ejerce cuando el control se mediatiza por el dinero?
¿De qué modo la avaricia expresa una deformación del amor propio dentro de la ética de las virtudes?

¿Por qué el capitalismo moldea formas de subjetividad en las que el interés propio y la acumulación de dinero se vuelven estados centrales de valoración social?

¿En qué medida el éxito económico se traduce en condicionamiento psíquico para el ejercicio del poder y en capacidad operante para influir de modo perverso sobre otros?

El capitalismo encuentra en la avaricia su motor fundamental.. La avaricia que tenemos en potencia porque nos rodea toca una fibra de nuestro ser que —después de esta lectura fractal— no nos dejará ignorantes de este patrón biológico, cuya conducta se repite de generación en generación.

Egoísmo y avaricia están unidos por un mismo fin: la pérdida de la subjetividad. Este fin que se repite es lo patológico.

La cabeza capital (sin conciencia subjetiva) nos conduce a repetir conductas que, a modo de imitación, se transmiten entre los miembros de una misma especie. Por ejemplo: familias de músicos, familias de militares, familias de políticos, familias de médicos. Todas estas conductas son hábitos que se repiten y conservan un común denominador.

Ese común denominador —la enfermedad— instala el dilema: “La bolsa o la vida”. Allí donde falta una ética del deseo, la enfermedad se impone como destino.

Un cuerpo enfermo, en su objetividad, va a generar formas de pensamiento orientadas a la autoconservación. Y esa autoconservación, inevitablemente, se sostiene en las seguridades económicas —equipos sanitarios, hospitales, recursos médicos—. A esta lógica se la podría colocar dentro de las estructuras denominadas perversas de la psiquis.

Fotografía del "Mayo francés de 1968".
The Ugly Duchess - Quentin Massys

Óleo sobre tabla, ca. 1513
La duquesa fea

La figura no representa la avaricia en sentido literal, sino la deformación del deseo cuando queda capturado por la apariencia y el valor social. El cuerpo aparece como un campo de tensiones: rasgos feminizados conviven con una fisonomía endurecida que desborda toda armonía. En sus manos, las monedas no son solo riqueza, sino signo de fijación. El deseo, separado de su causa, se vuelve repetición.

Cyberfractal — illex.ar
El motor del capitalismo no es la producción de objetos, sino los motivos que la impulsan: la avaricia. Es ella la que convierte la energía del cuerpo en impulso hacia las cosas; la que transforma el deseo en exigencia de trabajo y la insatisfacción en norma.

Es esa misma energía —sostén posible del lazo, del hogar, del ocio o de la música— la que el sistema captura y redirige: del vínculo al consumo.
no acumula objetos
acumula falta
y en esa falta
se retroalimenta el sistema
(Síntesis conceptual, 2026, Argentina)
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Aristóteles (384–322 a.C.)
«La riqueza no es el bien que buscamos, sino un medio para otros fines.»
(cf. Política, c. 350 a.C., Atenas)
Tomás de Aquino (1225–1274)
«La avaricia es desorden del apetito que pone su fin en las riquezas.»
(cf. Summa Theologiae, c. 1270, París)
Tomás → la avaricia como desorden moral
Arthur Schopenhauer (1788–1860)
«El dinero es la felicidad humana en abstracto.»
(cf. Parerga y Paralipómena, 1851, Berlín)
Max Weber (1864–1920)
«El afán de lucro no tiene límite en sí mismo.»
(cf. La ética protestante y el espíritu del capitalismo, 1905, Alemania)
Weber → la avaricia convertida en racionalidad económica
Karl Polanyi (1886–1964)
«La economía de mercado desarraiga las relaciones sociales al subordinar todo al intercambio.»
(cf. The Great Transformation, 1944, Nueva York)
Herbert Marcuse (1898–1979)
«La sociedad industrial avanzada produce necesidades falsas que perpetúan el sistema.»
(cf. El hombre unidimensional, 1964, Boston)
Marcuse → consumo como forma de dominación
Zygmunt Bauman (1925–2017)
«La economía consumista se sostiene no por la satisfacción de necesidades, sino por la constante producción de deseos nuevos e insatisfechos.»
(cf. Vida de consumo, 2007, Cambridge)
Bauman → el capitalismo como fábrica de deseo permanente
el motor ya no es la producción
sino la insatisfacción
que garantiza que el ciclo nunca se detenga
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