Filosofía
La phylosophía, amor al saber, derivado de "sofía", amar y "phylos", saber, sabiduría). Etimológicamente, en una traducción excesivamente convencional, «amor a la sabiduría», donde la palabra "sopha", sofia, en lugar de ser traducida como «sabiduría», término con connotaciones grandilocuentes, debe traducirse como «saber teórico», o, en palabras de Aristóteles, como «entendimiento y ciencia»; de igual manera, "philos", philos, el «amigo» o el «amante» de este saber intelectual puede entenderse, a la manera de Platón, como aplicado a aquel que desea o está ávido de saber.
Las fábricas de despersonalización
La educación institucional (formal) hasta el nivel medio —y en muchos casos, especialmente en establecimientos privados— opera como una verdadera fábrica de despersonalización. Bajo el discurso de la formación, se impone un modelo que no busca sujetos que piensen, sino individuos que obedezcan, se adapten y rindan.
No se trata de un daño visible, sino de una erosión progresiva. A través de prácticas de control, desvalorización y formas sutiles de gaslighting, se debilita la confianza del estudiante en su propio pensamiento. Se le enseña, de manera sistemática, a desconfiar de sí mismo y a validar únicamente aquello que proviene de la autoridad.
El resultado es la producción de sujetos funcionales pero vaciados: automatizados, dependientes, incapaces de sostener una posición propia. La creatividad se reprime, la inteligencia se canaliza hacia la repetición y el pensamiento crítico es percibido como amenaza.
Este proceso no forma: domestica. No educa: normaliza. No abre: clausura.
Recuperarse de este tipo de formación implica un trabajo posterior: reapropiarse de la propia palabra, reconstruir el criterio propio y cortar con las formas de dependencia simbólica que fueron instaladas. Es, en términos subjetivos, un proceso de desalienación.
Con suerte, en los procesos educacionales, algo del saber se produce, no por el sistema, sino a pesar de él. De otro modo, este encuentro no sería posible.
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